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Una estructura metálica en forma de concha, es una de las últimas innovaciones de un grupo de investigadores de la NASA que busca retransmitir el sonido de los satélites que orbitan a nuestro planeta en la tierra.

Una tarea sencilla de realizar considerando la implementación de tecnologías electrónicas y digitales. En esta ocasión el equipo de NASA optó por desarrollar una tecnología análoga, más similar a un edificio que a una antena satelital, la tarea habría sido encomendada a KCA Studio, una oficina de diseño y arquitectura con sede en Nueva York. Vea también: Arquitectura en las nubes.

El proyecto es conocido en el mundo como ‘NASA Orbit Pavilion’ y cuenta con 102 metros cuadrados de área construida con el objetivo de retransmitir el sonido convergente de 17 satélites en la órbita terrestre. El resultado morfológico y arquitectónico conseguido por KCA y la NASA es simplemente sorprendente. 

El concepto fue inspirado en los caracoles marinos que permiten escuchar el sonido del océano al acercarlas al oído, dicen Jason Klimoski y Lesley Chang, directores del proyecto. Este pabellón arquitectónico explora esta idea, construyendo una armazón metálica a escala humana, que permite escuchar los sonidos captados en el espacio exterior por los satélites de la NASA, transformando dicha información en una experiencia acústica inmersiva y recreativa.

Es casi como escuchar una sinfonía de las estrellas sin abandonar el planeta, comenta Chang.

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Fotografía interna del pabellón 

Con más de 30 pies de diámetro, el pabellón fue construido con paneles de aluminio de propulsores acuáticos, que inscriben en su instalaciones los patrones de desplazamiento de los satélites a lo largo de sus orbitas.

El pabellón es coronado con un óculo en la cumbre para afianzar al edificio como una caja de resonancia, este es uno de los muchos efectos que se han utilizado a lo largo de la historia para crear cámaras musicales y auditorios.

El proyecto fue construido en 2015 y realizó su debut en el World Science Festival de Manhattan.

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El enfoque intelectual y la filosofía radical de Slow Food fueron una de las fuentes de inspiración del plan director de la Expo. Fundada en Italia en la década de 1980, se trata de una organización ecogastronómica presente en 150 países que respeta, entre otras cosas, el equilibrio del ecosistema y la biodiversidad. También ha sido una de los organizadoras de la Expo, circunstancia que, sin embargo, no le impide ocupar el emplazamiento más alejado —y más tranquilo— del recinto. Es allí donde se han construido tres cabañas silenciosas que conforman un patio triangular. Sus sencillas estructuras de madera se inspiran en las de los caseríos tradicionales lombardos y segregan el programa en tres partes: la primera alberga una exposición sobre alimentos; la segunda ofrece un espacio para la cata; y la tercera acoge conferencias. Una vez que la Expo haya terminado, las tres cabañas se desmontarán y transportarán a varias escuelas italianas, donde se reconstruirán para acabar haciendo las veces de cobertizos de jardín.

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Fuente: Arquitectura Viva